Al hombre que me amó y me ama más que nadie.

Llegué a tu vida ya hace mucho tiempo y de tu mano recorrí caminos desconocidos pero siempre segura de que estarías a mi lado para protegerme. Contigo aprendí que los grandes momentos de la vida están en aquellas pequeñas cosas que hacemos a diario.

Gracias por amarme primero, por aceptarme en tu vida, por las acciones que calmaron mi llanto, por los libros y revistas que hacían que mi imaginación volara y mi curiosidad despertara.

Gracias por no dudar de mí y de mis capacidades, por estar siempre pendiente de mis necesidades, por darme la mano y curar hasta la mayor y más grande pena con una sola mirada, por demostrarme lo que es el amor verdadero, por hacer de mí tu fortaleza y tu debilidad, por dejarme crecer y extender mis alas a pesar del miedo que tenías de que me las rompiera.

Por ser un padre humano, con defectos y virtudes, con momentos buenos y malos, con aciertos y errores.
¡Papi, gracias por ser el hombre que me amó primero y el que me va a amar para siempre!

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