¿Qué aprendí de mi discapacidad?

No pienso que adquirir o nacer con discapacidad sea un castigo, un karma, la pena que tenés que purgar por algo. La discapacidad es una condición adquirida o congénita.

La discapacidad me hizo llorar mucho a mí, mi familia y amigos, demasiado en algunas ocasiones. Hizo que dependiera de terceros para vivir ya que lo que recuperé de movilidad con mucho esfuerzo no me sirve para ser autovalente, como digo a la gente: soy un bebé de 3 meses en el cuerpo de una mujer.

Pero la discapacidad en parte, también me hizo ser más agradecida con las cosas que sí hago sola: hablar, escribir con un dedo en la computadora y el celular, mover mucho más la silla. ¿Qué irónico no? Agradecer lo que muchos repelen: Ver a una persona que puede movilizarse por medio de una ayuda técnica y yo antes del accidente era una de ellos.

Agradezco a la discapacidad que haya filtrado cariños, sentimientos y saber quiénes no te fallaran, agradezco que valore todo lo que pude hacer mientras fui una persona autovalente; cada día maravilloso me enseñó algo, cada día de pesadillas e injusticias también.

Pero eso de ser libre de hacer y decir lo que quisiera, cuando quisiera, de levantarme y salir si no me gustaba un ambiente, de asearme sola, lavarme el pelo, vestirme, patinar, andar en bici, bailar …. Todo eso es pasado, un pasado con luces y sombras del cual elijo quedarme con lo luminoso.

Tengo un título universitario de ingeniería, trabajo, practiqué un deporte (cosa que pensé ya no podría) pago mis deudas, viajo, ¡poco pero lo hago! Me quieren y quiero.

La discapacidad me abrió los ojos a una realidad que muchos no ven o no quieren ver. Ese camino hecho en silla de ruedas me dio la oportunidad de hacer entrañables amigos aquí en Paraguay y por el mundo, colaborar desde Parigual con otras asociaciones que buscan lo mismo, oportunidad para todas las personas en mi misma situación: acceso a la salud, educación, rehabilitación, vida independiente, accesibilidad al medio físico.

Nadie es mejor que yo pero tampoco nadie es peor, únicamente vivimos situaciones distintas y actuamos en consecuencia como somos.

Pd: Gracias a mi abuela Porfi (sin desmerecer a mi abuela Leo) por todo lo que hizo por hacerme sentir más cómoda los primeros días, semanas y meses desde el accidente; fue y es uno de mis grandes soportes aunque ella crea que por su edad ya no pueda hacer las cosas como antes. Te quiero mucho abuela y estoy orgullosa de llevar tu sangre.

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