No hay viaje que no te cambie algo.

Agradecida por los viajes con los que la vida me retribuyó una acción y los que con mi trabajo me esforcé y pagué. Las ganas de salir al mundo comenzaron con los libros, cuando a los 8 años mis padres me regalaron literatura clásica para niños y muchos citaban países.

Un tiempo después descubrí que el crucigrama es lo contrario a un diccionario pero no acertaba nada y había descripciones cortas de países. Entonces recurrí al diccionario y por X motivo siempre recordaba Yugoslavia.

Mis tíos me enseñaron un poquito y creo que después se arrepintieron porque comenzó la carrera por el crucigrama del diario 😄 Mi premio consuelo era la sopa de letras si ya completaron.

A lo que voy es que aunque parezca aburrido leer y cultivar las letras, ése hábito despierta ganas de saber en qué país o ciudad ocurrió lo que se relata y te esforzás por viajar a conocer esos lugares al menos en tu país (Gracias Roa Bastos y Casaccia Bibolini)

En eso se parecen un viaje hecho y un libro leído, nunca más volvés a ser el mismo, en algo te cambian.

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