No quise sacarle la sonrisa a nadie

Preferí que me rompieran el corazón en mil pedazos a que me tocara a mí romper uno, porque era mucho más fácil vivir con la idea de que en algún momento yo sanaría, que vivir con la idea de que le arruiné la sonrisa a alguien.

Y sanaba, siempre sanaba aunque a veces no fue corto ése proceso. Luego cuando alguno que otro se casó, una chispita se prendía dentro de mí porque lograron ser felices como lo soy también yo.

No me sentía triste ni vacía porque había pasado el tiempo y me soy fiel a mi misma ya que decidí que el amor que llegase no tenía que ser retazo de otro.

Amé mucho y fui muy amada, no todo el mundo tuvo ése privilegio. Yo con una sonrisa puedo decir alto y fuerte que sí.

¿Qué aprendí de mi discapacidad?

No pienso que adquirir o nacer con discapacidad sea un castigo, un karma, la pena que tenés que purgar por algo. La discapacidad es una condición adquirida o congénita.

La discapacidad me hizo llorar mucho a mí, mi familia y amigos, demasiado en algunas ocasiones. Hizo que dependiera de terceros para vivir ya que lo que recuperé de movilidad con mucho esfuerzo no me sirve para ser autovalente, como digo a la gente: soy un bebé de 3 meses en el cuerpo de una mujer.

Pero la discapacidad en parte, también me hizo ser más agradecida con las cosas que sí hago sola: hablar, escribir con un dedo en la computadora y el celular, mover mucho más la silla. ¿Qué irónico no? Agradecer lo que muchos repelen: Ver a una persona que puede movilizarse por medio de una ayuda técnica y yo antes del accidente era una de ellos.

Agradezco a la discapacidad que haya filtrado cariños, sentimientos y saber quiénes no te fallaran, agradezco que valore todo lo que pude hacer mientras fui una persona autovalente; cada día maravilloso me enseñó algo, cada día de pesadillas e injusticias también.

Pero eso de ser libre de hacer y decir lo que quisiera, cuando quisiera, de levantarme y salir si no me gustaba un ambiente, de asearme sola, lavarme el pelo, vestirme, patinar, andar en bici, bailar …. Todo eso es pasado, un pasado con luces y sombras del cual elijo quedarme con lo luminoso.

Tengo un título universitario de ingeniería, trabajo, practiqué un deporte (cosa que pensé ya no podría) pago mis deudas, viajo, ¡poco pero lo hago! Me quieren y quiero.

La discapacidad me abrió los ojos a una realidad que muchos no ven o no quieren ver. Ese camino hecho en silla de ruedas me dio la oportunidad de hacer entrañables amigos aquí en Paraguay y por el mundo, colaborar desde Parigual con otras asociaciones que buscan lo mismo, oportunidad para todas las personas en mi misma situación: acceso a la salud, educación, rehabilitación, vida independiente, accesibilidad al medio físico.

Nadie es mejor que yo pero tampoco nadie es peor, únicamente vivimos situaciones distintas y actuamos en consecuencia como somos.

Pd: Gracias a mi abuela Porfi (sin desmerecer a mi abuela Leo) por todo lo que hizo por hacerme sentir más cómoda los primeros días, semanas y meses desde el accidente; fue y es uno de mis grandes soportes aunque ella crea que por su edad ya no pueda hacer las cosas como antes. Te quiero mucho abuela y estoy orgullosa de llevar tu sangre.

Tiempos de pandemia

Mi cuerpo es un mapa de cicatrices pero elegí esta foto del 2010 donde se nota perfectamente una mancha marrón en mi cuello.


La que quedó de aquella doble cirugía donde las manos benditas de mis neurocirujanos rearmaron la columna cervical con un hueso de la cadera.


Fueron meses con el collarín, heridas que curar, muchísimas limitaciones, pero me cuidé y me cuidaron.


Sonreí con tantas ganas 6 meses después ya sin nada obstruyendo mis movimientos, volviendo a la vida normal.


Hoy nos toca a todos hacer lo mismo: cuidarnos mutuamente, aguantar las limitaciones, sanar heridas y saber que es por nuestro bien. Les quiero, Adri.

Puede parecer un plan aburrido

Puede parecer un plan aburrido pero no es así: es de madrugada y voy dando pequeños mordiscos a una roja y jugosa manzana mientras leo.


Esta vez la ambientación me lleva a Nueva Zelanda, cruzando el peligroso estrecho de Cook (que separa las islas Norte y Sur), mirando el mar de Tasmania o navegando el océano Pacífico según van pasando los capítulos. Es un ejercicio mental y de paciencia cuando te fijás que el epílogo está casi en la página 600…


Así puede empezar un viaje que luego se transforma en realidad.

Sumando vida

Hoy celebro un año más de experiencias y vivencias acumuladas. Esta es una buena noche para hacer un alto en el camino y reflexionar: pasaron tantas cosas este año, momentos súblimes y tiempos de crisis. Días maravillosos de sol, y días de lluvia en los que mi familia, una sonrisa fueron la mejor protección.

Me he encontrado con el apoyo de personas maravillosas como ustedes, mis amigos: Ángeles que aparecieron a lo largo de mi vida de manera providencial en distintas etapas. Si, soy una persona muy afortunada y bendecida, debo reconocerlo.

Pero lo principal, es que por cada uno de estos segundos que ya forman parte de mi pasado estoy muy agradecida.

Mi frase favorita hoy es: ¡Gracias por mi vida y por la de ustedes! Les llevo en mi corazón aunque nos separen la distancia y el tiempo. Sinceramente, Adri.